Este artículo examina críticamente el uso del término “inteligencia artificial” en educación y sostiene que su empleo generalizado puede generar confusión conceptual y pedagógica. A partir de una revisión teórica apoyada en Pierre Lévy, Hubert Dreyfus, Sherry Turkle y Kate Crawford, se argumenta que los sistemas actualmente denominados “inteligentes” no piensan, no comprenden ni poseen intencionalidad, sino que operan mediante el reconocimiento estadístico de patrones a partir de datos generados por seres humanos. El texto analiza el origen histórico y filosófico del concepto de inteligencia, así como la evolución del término “inteligencia artificial”, para mostrar la distancia entre lo que estas tecnologías hacen y lo que su denominación sugiere. Asimismo, distingue entre IA discriminativa, IA generativa, grandes modelos lingüísticos, chatbots y agentes de IA, con el fin de evitar el uso indistinto de conceptos que implican funciones e implicaciones pedagógicas diferentes. También se cuestionan expresiones como “co-inteligencia” o “co-creación”, al atribuir una simetría problemática entre humanos y máquinas. Finalmente, se proponen términos alternativos a “inteligencia artificial”
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